Cuando era chica siempre me gustaban estos tipos totalmente misteriosos e inalcanzables a los que miraba hasta que me aburría y aparecía otro más misterioso y más inalcanzable. Creo que pocas veces entablé una conversación con ellos. Supongo que mi vecino brasilero fue el primero. Me gustaba su pelo y sus ojos. Con una amiga, a quien también le gustaba, averiguamos su nombre y las cosas que le gustaban sobornando a su hermana chica. Coleccionamos trivia del brasilero durante todo un verano. De ahí se nos pasó, creo. De todas formas me ponía roja cuando lo veía paseando a su perro. Creo que la última vez que lo vi, ya bastante grandecita, también me puse roja, aunque no podía entender qué me gustó de el. Supongo que verlo leyendo en la vereda porque se le habían quedado las llaves ayudó, no sé.
Salto hasta el misterioso hombre flaco de cuarto medio. Nunca nos dirigimos la palabra. En ese momento me parecía demasiado excitante que leyera en el recreo unos libros que después reconocí como Anagrama. Yo tenía 13 años y no conocía más hombres que leyeran en el recreo. El misterioso hombre que leía no hablaba conmigo, que lo miraba obsesivamente desde el balcón de mi sala, ni con nadie. Jamás, creo, escuché su voz y claramente lo amaba con locura y estabamos hechos el uno para el otro. Planeaba sacarlo de su anacoretismo con recursos aprendidos en series del Sony. Cada personaje de libro que yo leía tenia su cara. Le asigné una personalidad intensa y solitaria. Y misteriosa, claro. Cuando salió del colegio no volví a verlo nunca más. Ni una sola vez me lo he encontrado en la calle. Como si su misterio se lo hubiera tragado.
Luego del hombre misterioso vino mi amor por un chico altisimo y de orejas enormes. Con el la interacción fue mayor. Una vez me regaló un dulce. Lo veía correr por la cancha mientras estaba en atletismo. Su no-gracia, su poca agilidad a pesar de ser alto y flaco como un poste, su nariz enorme y sus orejas idem causaban ternura en mi corazón adolescente. Mi amor por los hombres torpes comenzó con Orejotas y se extendió por todos y cada uno de los hombres que me han gustado desde ese momento.
Eso por ahora.